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domingo, 13 de marzo de 2011

Tiremos polizones por la borda.

1, 2, 3, 4. Son cuatro pasos, o son cuatro años, en cuatro segundos ha desaparecido todo, si sumamos uno conseguimos cinco sentidos, si restamos uno quedan las personas que se han ido al cubo de la basura y de resto queda el que pronto también se irá.

1. La crisis ha pasado, el lapsus, tabú ya reconocido, está atado y sangrando. No se tomarán muestras para análisis, el cadáver se quemará junto a los muebles viejos, no queremos que el olor putrefacto nos llegue. Ninguna neurona más será infectada.

2. Una pluma sin movimiento y unos dedos sin tinta, el precio de la paz o a caso se han gastado todos los cuadernos. Simple, no es el momento. Huyendo, las palabras están huyendo, previamente han adormecido el don, han secado la almohada de mundos calenturientos. Busquemos la llave afilada del cuerpo cerrado, bailará la luna en los reflejos de la anestesia cálida junto a la sal y el limón.

3. Los regalos de los brazos se guardan en un cofre de risa sin dueño, y cada tarde se revisa el inventario, que no falte ninguno. Se levantan murallas, la piedra es dura y el enemigo cruel, el fuego enviado ha traído sabiduría y fortaleza. Qué no pasen de aquí, de aquí no pasarán, gritan desde el frente, las espadas en alto y del barro asoman los huesos de los muertos. No, de aquí no pasarán.

4. Final de la obra, se cierra el telón. Vuelve algún paseo bajo los chapoteos del cielo, las ventanas encendidas callan sus voces, no queda más tierra que la que no dice nada, los caminos no son objetivos del deseo, las puertas perdieron sus ataduras y la ciudad deja de significar el tropiezo de la voluntad. Los trenes dejaron de traer amantes a escondidas.

La obsesión ha muerto y el ataúd es ligero. Los sabios han hablado del dolor y de alcanzar el tan alejado olvido, pero más allá nos dejan totalmente perdidos. Pensamientos vaporosos, realidad o sueño. Y es que tras él, lo único que queda es la certeza de que al menos entonces la huida nos servía de objetivo.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Postal desde mi hemisferio

Hola, cómo estás, creo que no es necesario que te diga, que me ha faltado el tiempo, que llevo viviendo unos días sin aire, que no me he olvidado de ti, pero que has estado bastante despistado en mi cabeza, que te has perdido entre alguna neurona, pero has estado ahí. Ahora estoy tomando una taza de leche bien fría hasta arriba aunque tenga guantes y gorro puesto no puedo evitarlo, si la taza no está fría no es taza, bueno, al menos no es mi taza.

Llego tarde, he pinchado la bici, apenas puedo correr y el autobús ya se ha marchado, pero supongo que esperarás un día más, remontar el río y escalar las cordilleras me llevará algún tiempo, pero mientras que pueda seguir escribiéndote, sabrás que sigo vivo, aunque ahora estoy pensando que en algún momento me quedaré sin tinta, tendré demasido frío para trazar finas líneas en un papel y dudo que pueda caber una botella y su corcho en el macuto, está hasta arriba, el viaje es duro y yo no llevo un equipo de grabación con los que fingir las caídas por los desfiladeros, si caigo por una pendiente puedo morir, y yo sé que tú no quieres eso.

Por esto sé que esperarás. También sé que tú no pasas tanto frío como yo, se te da bien encontrar pequeños consuelos, tú alma es tan grande como tu cuerpo y aunque no con tantos recovecos como los pliegues de tu piel ni tantos surcos como los que dibujan tu cara, tiene algunos buenos escondites cálidos en los que acostarte.

Espero no desmayarme en el viaje, espero que te pases el tiempo de espera dejando notas en mi buzón. Significas sacrificio, supongo que sí, va a dolerme, voy a volverme loco, aguantarme las ganas de mirar el reloj y salir corriendo, perdido, voy a estar perdido, escondido más bien. Pianos y violines organizarán partidas de búsqueda para encontrarme, pero puede que me encuentren muerto, dormido, cansado, o peor aún, sin ganas de seguir, ni deseo de provocar su sinfonía.

Los labios morados, la vista perdida.

Toc, toc, divina onomatopeya, sí he llegado, pero cuidado, no quiero que te emociones demasiado, podrías despertarte.

sábado, 7 de agosto de 2010

Si combinas: césped, vino, camisas y fotos...


Espero que el título no haya sido demasiado sutil pero este pequeño fragmento de imaginación está dedicado y es fruto de dos compañeras de viaje, y es que... sin unas buenas zapatillas el trayecto se hace mucho más largo. Un beso a vosotras porque habeis creado esto.


El camino, mi camino, tiene millones de bifurcaciones, como el destino, posibilidades, cosas que fueron o que podrían haber sido, lo que será o lo que posiblemente será... Accidentes geográficos en el horizonte, mesetas, y cordilleras, hay que caminar, hay que escalar...

Mientras camino puedo escuchar voces que me llaman, antiguos compañeros de camino a los que la mochila les pesó demasiado como para seguir mi ritmo y ahora no puedo parar, tengo que superar mi marca, no competimos en la misma liga y bueno este mundo es tan competitivo... cierto, a veces me da por pasarme a otro camino por ofrecer algo de compañía pero eso solo sirve para que todas las zarzas del frondoso bosque rasguen mi piel, y es que ¿para qué volver a una senda abandonada hace tiempo?

El Espíritu Curioso del Afluente del Valle Sediento, me espía detrás de cada matorral, no puede evitar preguntarse dónde he dejado las lágrimas que le ayudaban a desbordarse y dar una vuelta por la zona de marcha de las Rías Chistosas del Norte, divertido saco el tarro donde las guardo y con unas pocas gotas me refresco los pies cansados y doloridos de tanto viaje, el Espíritu no puede evitar sonreírse y hace rodar los cantos rodados a modo de risas, los pájaros que conocen su mudez silban a este viajero cubierto de polvo del camino.

Es el momento, es la hora, colocar una canción dónde el ritmo lo llevan las palmas y echar a correr, montar en un ciervo, saltar en un cóndor, ser el objeto de la curiosidad de un espíritu, escuchar un chiste del norte... ahora no sé por qué pero me quiero quitar el pantalón corto y colocarme un abrigo y bufanda, limpiar los cajones y volverlos a llenar, es que compréndelo, he encontrado mi forma y mi forma es el cambio.


El Conejito de Duracel en su trayecto hasta la cima, en su esfuerzo hasta el final, no arrastraba a nada ni nadie con él, ¿no es cierto? Sin embargo, nunca dejaba que nadie cayese al vacío.