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martes, 2 de agosto de 2011

El Karma sabe lo que hace.

¿Que si soy feliz? Bueno, yo me digo eso al menos. Eres feliz ¿Pero lo soy? He conseguido todo lo que quería, estoy en esa montaña rodeado de árboles y lobos que no quieren hacerme daño, los he amaestrado. Estoy en esa montaña y solo puedo pensar en los acantilados, solo puedo pensar en los rincones oscuros de una cueva inexplorada morada de un oso recién levantado.

Estoy asustado, es cierto, en ocasiones, soy un ciervo y esos lobos olvidan sus modales. Ocurre algo y no me da por esquivarlo, quizás pasados algunos segundos pienso en rodearlo pero de momento me choco sin remedio como un viejo árbol seco que se reencuentra con el suelo. Ocurre algo, y me da por cambiar de acera, de conversación, ocurres tú o tan solo soy yo olvidándote, o más bien olvidándome, tan solo soy yo refugiándome en este nuevo yo, en ese bosque tan bien cuidado.

¿Puedo ser feliz sabiendo que debo ser feliz? Aullan los lobos... Sí, claro que soy feliz. Quedan restos de odio lo sé. Pero es que el odio es tan nuestro, como el amor. Me quedan las ganas de que el odio se vaya, me queda estar cansado y me queda la certeza de que el odio es lo único que impide la desaparición por completo, la debastación del recuerdo de aquello que es odiado.

¿Que si soy feliz? Ya me lo he creído así que de nuevo sí.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Siempre quise pasarme a las acuarelas.

A veces, y siempre de casualidad encuentro cuentos en cuadernos, en hojas de papel, o tallados en los árboles, intento recordar cuando los escribí, o si fui yo quien lo hizo, siempre hay un rey, un príncipe y un oso que habla, al oso le gusta llevar sombrero, pero el oso no es un bufón, el oso tiene amigos, que le cuentan donde han visto un gran salmón. Los cazadores quieren su piel, el rey quiere su sombrero, y el príncipe solo quiere conversar con el oso del cuento. Trepando por las murallas el hijo del rey saltó al otro lado, el bosque oscuro y siniestro guardaba secretos de pino y abetos, zarpas por el barro desgarraron la calma y el príncipe aventurero llamó esperanzado: oso, gran oso, oso del sombrero, te espero con alforjas llenas de salmorejo, con una gran torta de queso y vino casero.

En este punto el cuento se tuerce arañado por el aburrimiento, sin tinta el autor misterioso, se olvida y juega a los malabarismos.

El príncipe pregunta a las fauces marrones por su destino, quiere conversar sobre vida y futuro. Una semana pasan caminando por bosques del dominio del sombrero cuando, dolor, la dentadura del colosal parlante se enfrenta a un huesecillo quisquilloso, a una espina, a la venganza de su última presa. El príncipe pide ayuda a un joven sapo que chapotea con la lengua del oso. Fuera la espina, fuera el meñique. ¿Un dedo? Pregunta el príncipe. Sí, no debí digerirlo bien cuando te devoré una semana atrás.

Sueños y más sueños, un cuentacuentos se ve atrapado, una mentira feliz, un final triste, una niña de dorados cabellos llora ¿Por qué eres tan malo cuentacuentos? Me pediste un cuento, encontré dos, elegí, el más fácil de arrancar de la corteza agrietada de mi alma.

El cuaderno comenzaba: “Deseo de una madrugada de verano, perseguir a un oso con sombrero por el bosque”.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Me sumerjo en otro estilo para refrescar las ideas



Querido nadie hoy decido mandarte un email codificado en la botella a base de cincelar unos y ceros por los motivos que entenderás en breves instantes.
No tengo nada que contarte, pero con el aburrimiento que sí tengo y en cantidades industriales es lo primero que se me ocurre escribir... Esta mañana me han diagsosticado una contractura muscular en la espalda, en la zona lumbar, localizada claramente en la parte derecha, bueno es pasar la mano y se nota perfectamente... Ahora me tomaré el relajante muscular y como apenas tengo que estudiar nada este fin de semana (percíbase la terrible contradicción argumentista o para los de la LOGSE, ironía), me lo pasaré grogi. Además, que ya es el segundo fin de semana que por enfermedad me quedo en casa, es o no es mala suerte, como diría Parménides, es, porque algo que no es pues no es, y si es mala suerte pues es.

El motivo subyacente de este email es el matiz de maduración que aporta el mantener el contacto por correo. La bandeja de entrada no tendría que renegarse a ser una papelera de publicidad, sino una herramienta que debería sobrevivir a los feroces ataques sufridos por las redes sociales y sus consabidos mensajes privados o directos.

Es esta una carta electrónica que sirve como entrada para una red social o intelectual que la convierte en una contradicción en sí misma en cuanto a la que es la razón de su creación pero el libre albedrío que empapa la razón de mi propia creación me otorga estas maravillosas posibilidades.

Que alguien que escribe cartas en una botella luche contra la desaparición del correo electrónico no es contradictorio, es evolución empapada de marginación, he dicho.

Y si buscas una explicación a esto, yo te doy la respuesta, y es que hoy por hoy:

YO, soy yo y mi CONTRACTURA MUSCULAR.

A. Moreno, toque de formalidad, orgullo de autor.