Tristeza, nostalgia, no podía escribir, Ismael me ha puesto peor, como se nota que es Serrano del norte, pero por su culpa he comprendido el significado del adjetivo onanista, y es que como dice este conductor de barcas por el lago gris: "dudo que nada me satisfaga mejor que un servidor".
Alegría, llanto y asesinato de la nostalgia, ay Bonito Sur que sutil es tu arma y que certero tu golpe, explícame como tus pocas palabras se convierten en la crónica de una muerte anunciada.
Locura, sonrisa enfermiza, nervioso espejismo de un posible relato que no podré, no sabré, o no querré terminar. Ay Bonito Sur ¿quieres un abrazo? Róbame unos cuantos, son tuyos, no te los doy, prefiero que me los quites, utiliza la fuerza o emborráchame de ti, pero dame una buena excusa, una genial explicación para las bajas en la armería, que mi engaño no sea descubierto.
Ay Bonito Sur, el duendecillo de mi corazón ha evolucionado, ha sobrevivido a las adversas condiciones de su entorno, ha conseguido reproducirse y ahora una colonia de energúmenos emocionales me patea el miocardio.
Acabaría encontrando el mejor final, pero hoy me estoy enfrentando a una nueva pregunta, qué hay de los momentos sin final, qué hay de la excepción, de la ruptura de la ecuación.
Ay Bonito Sur.